SOBRE EL AUTOR:
 
Antonio Morales Méndez nació en Agüimes en 1956. Terminados sus estudios de bachillerato en su Villa natal (primero con los Hnos. de La Salle y posteriormente en el IES “Joaquín Artiles”), se licenció en Geografía e Historia y se especializó en Historia del Arte en la Universidad de la Laguna.

Presidente del Cabildo de Gran Canaria en la actualidad, entre 1987 y 2015 fue alcalde de Agüimes por la independiente Agrupación de Electores Roque Aguayro. Fue presidente fundador de la Mancomunidad del Sureste de Gran Canaria. Durante su trayectoria política y de representación institucional, tanto en el ámbito local como en el de la Mancomunidad de municipios a la que pertenece desde 1990, su labor y la de su equipo se han visto reconocidas con diversos premios y distinciones por parte de organismos nacionales e internacionales (FEMP, ONU, Gobierno canario, etc). En los últimos años se ha significado especialmente en la defensa de la implantación de las renovables en Canarias y forma parte de la Plataforma Por Un Nuevo Modelo Energético de Gran Canaria.

También es patrono de la Fundación Renovables, conformada por personas de distintos ámbitos, desde empresas, asociaciones, sindicatos a centros de investigación, organizaciones ecologistas, formaciones políticas, etc., del conjunto del Estado, con un objetivo común: la defensa de un modelo energético basado en fuentes limpias, autóctonas, inagotables y disponibles a coste cero, que ofrece la naturaleza.

Ha publicado cuatro libros (“Reflexiones Compartidas”, “Nos Faltan Luces. Reflexiones sobre un nuevo modelo energético”, “Tiempos difíciles. Apuntes para repensar la democracia” y “Energía, Poder y Clima") y numerosos artículos en distintos medios de comunicación y revistas especializadas.

 

      

CANARIAS NO SE VENDE
Escrito por Antonio Morales Méndez   
Viernes, 08 de Julio de 2016

El presidente del Gobierno  en funciones  comenzó esta semana su primera ronda de reuniones  para intentar conseguir apoyos para un  posible debate de investidura tras las elecciones del 26 de junio. Sabemos que entre las virtudes de Mariano Rajoy no se encuentra precisamente la de ser un hombre arriesgado, quizá eso explique que convocara en primer lugar a Coalición Canaria, la única fuerza  política del amplio arco parlamentario  que  ha dejado clara su disposición a apoyar la reelección del presidente conservador, aunque  todavía el rey Felipe VI no haya pedido a ningún candidato que intente formar gobierno.

Los resultados de las últimas elecciones fueron claros: el único partido que subió en número de electores  fue el Partido Popular (tuvo 700.000 votos más que en diciembre), aunque se quedó a 39 escaños de la mayoría absoluta. Aunque haya perdido 49 escaños con respecto a las elecciones de hace cuatro años. En consecuencia, parece claro que quien primero debería de intentar sumar el apoyo parlamentario para acceder a La Moncloa es el Partido Popular. Y también  parece  que, por ahora, no hay  alianzas a la izquierda ni a la derecha que  sumen los 176 escaños necesarios para proclamar presidente del Gobierno a un candidato.

Frente a las aritméticas parlamentarias tan complicadas como reales,  los medios de comunicación españoles pusieron de moda el “pactómetro” apenas horas después del veredicto de las urnas. En un ejercicio de periodismo creativo se inventaron  una alianza que nunca existió, pero al  tener la simpatía de buena parte de los medios  se repitió hasta la saciedad: PP+Ciudadanos+PNV+ Coalición Canaria + Nueva Canarias suman los 176 escaños necesarios para tener la mayoría absoluta.  Algún periodista de Madrid descubrió que entre los 85 escaños atribuidos al PSOE había uno, el de Pedro Quevedo, que solo contaría  como diputado del grupo socialista hasta su toma de posesión, porque  después pasará de forma inmediata al grupo mixto. Con ese dato se anunció, difundió y proclamó un cambalache que quisieron convertir en real: con su disputado voto, Pedro Quevedo podría abstenerse. De esta forma los socialistas apartarían el amargo cáliz de la abstención sin frenar la entrada de Rajoy en La Moncloa.

Pedro Quevedo se vio de repente convertido en el protagonista de una película en la que él no había pedido participar. Artículos de opinión, tertulianos en Madrid y Canarias, informativos de radio y televisión a nivel de toda España hablaban del voto, que de repente también pasó a tener un número fijo: el 176, de Pedro Quevedo. El resto de los sumandos lo constituían un potaje de siglas poco creíble: PP, Ciudadanos, Coalición Canaria ¡y PNV!  Pude vivir en primera persona las maniobras mediáticas. En  la rueda de prensa que convocamos en el Cabildo para presentar el mundial de windsurfing de Pozo Izquierdo, un periodista me preguntaba: “¿Qué piensa usted de las declaraciones que esta mañana hizo Pedro Quevedo en nuestra emisora, en las que anunciaba que si el PSOE se lo pide se abstendrá para que Rajoy sea presidente?”. Yo sabía que Pedro Quevedo y Román Rodríguez llevaban 24 horas desmintiendo en los medios que nuestro diputado electo fuera a facilitar cuatro años más de gobierno del PP. Por eso respondí que yo no había escuchado a Pedro Quevedo decir que se fuera a abstener, y que Nueva Canarias debía ser coherente con su compromiso con los electores: nos votaron para intentar un cambio de rumbo que pasa por acabar con las políticas de estos  4 años del PP que han sido terribles para Canarias y para las políticas sociales y los derechos de la mayoría de la ciudadanía.

Esa alianza que nunca existió, la  supuesta coalición conservadora-liberal- insularista- nacionalista y de izquierdas (PP-Ciudadanos-CC-PNV-Nueva Canarias), salió en las portadas de muchos periódicos de Canarias y de Madrid. Sin embargo  no fueron destacados en la misma medida los desmentidos de Nueva Canarias. Por eso, si alguien tiene todavía alguna duda, quiero aprovechar para repetir aquí que Nueva Canarias no va a facilitar con su voto el regreso a la Moncloa de Mariano Rajoy,  con sus terribles políticas de austeridad y recortes. La razón principal es que creemos que Canarias no se vende,  representar a las islas no es mendigar  lo que nos corresponde por justicia. Los derechos no son limosnas. El cumplimiento del Convenio de Carreteras, un nuevo sistema de financiación que termine con más de un lustro de marginación de Canarias,  las inversiones que se sitúen en la media del Estado, el Plan Integral de Empleo cuyo presupuesto el gobierno de Rajoy redujo a cero euros,  que se cumpla de una vez por todas  el REF (como se debe cumplir cualquier ley), son  derechos que no se mendigan. ¿Tenemos que abrazar necesariamente las políticas del PP para conseguir lo que por derecho nos corresponde?

El resultado de la primera reunión que convocó Rajoy en la Moncloa con el  presidente canario Fernando Clavijo y el dirigente  de Coalición Canaria José Miguel Barragán el pasado martes sonó un poco  a cuento de la lechera.  Barragán dijo a los periodistas que encontró a Rajoy dispuesto a derogar la Reforma Laboral o la LOMCE. Cuesta creerlo. En el titular de la noticia el periodista dejaba claro que era una cuestión de fe de los canarios: “Coalición Canaria cree que Rajoy está dispuesto a derogar leyes ya aprobadas”. Antes de la reunión en la Moncloa, el representante de Coalición Canaria en Gran Canaria  escribía un artículo para justificar el apoyo a Mariano Rajoy. Ante la falta de argumentos que justifiquen el respaldo a su investidura (también Coalición Canaria dedicó la mayor parte de la campaña electoral a criticar el maltrato del gobierno del PP a Canarias),  la mayor parte del texto  lo dedicaba el portavoz insularista a criticar a Nueva Canarias.

Acusar a Nueva Canarias de “cerrar las puertas a Canarias” por anunciar el voto en contra de Pedro Quevedo a la investidura de Rajoy es igualar la justicia con el mercadeo. Es despreciar profundamente los valores democráticos. Además de las razones que tienen que ver con las islas que ya comentamos antes (los derechos de las islas que el PP no respetó durante la legislatura pasada), hay otras muchas otros motivos para votar en contra. Tras las elecciones el gobierno ha mostrado su auténtica cara en solo dos semanas: anunció el viernes por la noche que vuelve a sacar 8.700 millones de euros de la hucha de las pensiones. Cuando Rajoy llegó a la Moncloa había un Fondo de  Reserva de  más de 66.000 millones de euros, a esta ritmo acabará la legislatura con un déficit de 18.000 millones, algo muy perjudicial para nuestros jubilados y muy beneficioso para la gran banca que vende fondos de pensiones particulares.

 Gracias a los medios de comunicación nos enteramos  de que  el pasado mes de mayo el presidente en funciones anunció al presidente de la Comisión Europea que estaba dispuesto a recortar más de 8.000 millones de euros en dos años para cumplir los objetivos del déficit impuestos por Bruselas. La experiencia de estos cuatro años nos demuestra que si Rajoy  tiene que elegir entre sus promesas electorales o las órdenes de Bruselas, siempre escoge el segundo camino. Si nos ha mentido una y mil veces, por qué habríamos de creer que en esta ocasión sería distinto.

Lo decíamos al principio, es cierto que Mariano Rajoy fue el único candidato que subió en apoyo electoral el 26 J. Pero también es verdad que los ciudadanos no le quisieron dar la llave de La Moncloa al presidente en funciones. Siete de cada diez votos  dijeron no a los recortes sociales, no a las políticas de austeridad y no a la corrupción. Por eso sería una traición al electorado y a los intereses de Canarias abrirle la puerta de La Moncloa. Es cierto que en nuestras islas más de 332.000 electores apoyaron al Partido Popular, pero  ese mismo día más de 628.000 ciudadanos canarios se acercaron a las urnas para pedir un cambio político.  En el pleno de la investidura los diputados y diputadas elegidos con los votos de los canarios tienen una magnífica oportunidad para retratarse y demostrar si representan o no a lo expresado por electorado de Canarias. Y puestos ¿por qué no valorar entonces la posibilidad de la opción PSOE- Unidos Podemos -Ciudadanos o la de PSOE-Unidos Podemos-Confluencias y partidos nacionalistas? ¿No se puede negociar lo mismo con ellos sin sacrificar compromisos e ideales? ¿Necesariamente tenemos que apostar por devolver al Gobierno a los que tanto daño nos han hecho?

 

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