SOBRE EL AUTOR:
 
Antonio Morales Méndez nació en Agüimes en 1956. Terminados sus estudios de bachillerato en su Villa natal (primero con los Hnos. de La Salle y posteriormente en el IES “Joaquín Artiles”), se licenció en Geografía e Historia y se especializó en Historia del Arte en la Universidad de la Laguna.

Presidente del Cabildo de Gran Canaria en la actualidad, entre 1987 y 2015 fue alcalde de Agüimes por la independiente Agrupación de Electores Roque Aguayro. Fue presidente fundador de la Mancomunidad del Sureste de Gran Canaria. Durante su trayectoria política y de representación institucional, tanto en el ámbito local como en el de la Mancomunidad de municipios a la que pertenece desde 1990, su labor y la de su equipo se han visto reconocidas con diversos premios y distinciones por parte de organismos nacionales e internacionales (FEMP, ONU, Gobierno canario, etc). En los últimos años se ha significado especialmente en la defensa de la implantación de las renovables en Canarias y forma parte de la Plataforma Por Un Nuevo Modelo Energético de Gran Canaria.

También es patrono de la Fundación Renovables, conformada por personas de distintos ámbitos, desde empresas, asociaciones, sindicatos a centros de investigación, organizaciones ecologistas, formaciones políticas, etc., del conjunto del Estado, con un objetivo común: la defensa de un modelo energético basado en fuentes limpias, autóctonas, inagotables y disponibles a coste cero, que ofrece la naturaleza.

Ha publicado cuatro libros (“Reflexiones Compartidas”, “Nos Faltan Luces. Reflexiones sobre un nuevo modelo energético”, “Tiempos difíciles. Apuntes para repensar la democracia” y “Energía, Poder y Clima") y numerosos artículos en distintos medios de comunicación y revistas especializadas.

 

      

UNA MIRADA A ÁFRICA
Escrito por Antonio Morales Méndez   
Viernes, 20 de Mayo de 2016

Esta semana se celebró en Tenerife y en Gran Canaria el I Encuentro de Parlamentarias Canarias- África. Durante tres días 46 parlamentarias de ocho países africanos y diputadas del Parlamento canario debatieron sobre la situación de la mujer en el mundo y, de forma especial, en África. El encuentro sirvió para denunciar que, pese a los importantes avances que se han dado en las últimas décadas, todavía sigue habiendo en la mayoría de los países del mundo una gran desigualdad entre los hombres y las mujeres; todavía la mujer sigue sufriendo discriminación en los ámbitos político, social, económico y laboral; todavía la mujer sigue siendo la principal víctima de los conflictos bélicos y la violencia de género sigue provocando la muerte de miles de mujeres en todo el mundo.

En mi intervención en un agasajo que ofreció el Cabildo de Gran Canaria a las participantes en este encuentro, pude trasladarles nuestro interés en dirigir hacia África una mirada para conocer en profundidad la realidad del continente y entablar relaciones de amistad y de intercambio en todos los ámbitos: en el económico y el de la cooperación, por supuesto, pero también en el de la cultura y en el de las buenas prácticas de la gobernanza y las relaciones sociales, un intercambio del que sin duda todos deberíamos salir beneficiados.

Durante muchos años hemos vivido de espaldas a África. Las largas décadas de colonización han generado en el imaginario europeo unos estereotipos sobre el africano y unas relaciones de dependencia que es hora de superar definitivamente. Considero que todo ello es más grave en el caso de Canarias porque ha distorsionado las relaciones que deberían existir entre pueblos vecinos. Ha llegado el momento de volver la mirada respetuosa al continente junto a cuyas costas se encuentran nuestras islas. Canarias es, desde nuestro punto de vista un espacio fundamental para el encuentro entre África, Europa y América, un espacio en el que se vuelvan a anudar los lazos rotos por los siglos de atropellos –desde la trata de esclavos hasta la colonización y la actual situación de neocolonización-  que han aislado al continente africano del resto del mundo. Desde el Cabildo de Gran Canaria estamos dispuestos a trabajar para que nuestra isla lidere ese proceso.

El sistema global de relaciones políticas y económicas en el planeta ha relegado a África al papel de proveedor de materias primas esenciales para el funcionamiento de la industria de los países más poderosos. Estos no han dudado, y siguen sin hacerlo, en obtener por todos los medios esos recursos imponiendo los precios, apoyando a dictadores sanguinarios cuando es preciso para llegar a acuerdos ventajosos con ellos, impidiendo el desarrollo de los países africanos y el disfrute de los pueblos del continente de sus mejores activos, condenándolos a una miseria que les obliga a emprender el viaje dramático de la emigración.

En su novela “El caso Sankara” (I Premio Internacional de Novela Negra Ciudad de Carmona), el escritor  Antonio Lozano denuncia la política neocolonial de Europa en África. En un momento de la novela (basada en hechos reales) el protagonista Thomas Sankara, presidente de Burkina Faso, recuerda a un periodista su intervención en la Asamblea General de la ONU en octubre de 1984. Sankara hace una serie de preguntas retóricas al periodista: “¿Quién quitó a Lumumba y quién puso a Mobutu?¿Por qué los dictadores africanos permanecen en su sitio durante décadas y los gobernantes honestos son eliminados a la primera de cambio?¿Por qué debemos seguir pagando una deuda que a pesar de haber sido ya abonada cien veces en forma de intereses, se sigue incrementando día a día, que absorbe la mitad de nuestros raquíticos presupuestos anuales y nos impide toda posibilidad de desarrollo?¿Quién nos paga la deuda que contrajeron con nosotros cuando se llevaron a millones de africanos para servirles como esclavos, despoblaron nuestro continente de sus mejores manos, desorganizaron todas sus estructuras sociales y lo sumieron en un marasmo que hasta hoy llega?¿Quién nos desembolsa la deuda contraída durante largas décadas de colonización?”.  La intervención de Sankara en la  Asamblea de la ONU no gustó nada a los dirigentes políticos occidentales que estaban presentes, la única respuesta a todas sus preguntas no fue con palabras, sino con un hecho trágico: el presidente de Burkina Faso fue asesinado tres años después por un militar afín a los intereses occidentales.

 Deseamos y defendemos que esta situación que describió Antonio Lozano en su novela se revierta, que la democracia que defendemos para nuestros países la queramos también para los demás, que dejemos de entablar relaciones de amistad con dictadores y corruptos como el ecuatoguineano Teodoro Obiang Nguema -por solo citar un nombre que afecta muy particularmente a nuestro país-, que se detenga definitivamente el expolio de las riquezas africanas y que se contribuya a que estas lleguen a sus auténticos dueños: los pueblos africanos. Y, por supuesto, que la mitad de esos pueblos, sus mujeres, ocupen también el lugar que les corresponde en todos los ámbitos: político, social, económico y en la educación.

En las ponencias y debates de las parlamentarias africanas pudimos conocer que quedan todavía retos muy importantes: erradicar totalmente la práctica de la ablación femenina, cambiar la mentalidad social para que nadie justifique la violencia contra las mujeres, combatir con todos los recursos posibles el tráfico y la trata de mujeres, garantizar el derecho a la salud sexual y reproductiva, reducir la mortalidad infantil y las muertes en los partos. Pero también, gracias a sus intervenciones, conocimos los avances que se están dando en sus países, y que han sido posibles gracias a africanas como las que participaron en las jornadas: aprobación de leyes contra la violencia de género, incorporación de las mujeres a los parlamentos, asambleas nacionales y gobiernos, firmas de protocolos y convenciones internacionales de defensa de los derechos humanos y derechos de la mujer y de la infancia por parte de sus gobiernos, reforma del código penal en algunos países para criminalizar la práctica de la ablación. Y todo eso ha sido posible gracias al empoderamiento de las mujeres, a la formación de redes de mujeres que luchan por sus derechos a nivel local, nacional e internacional.

Las parlamentarias de Túnez, Mauritania, Marruecos, Argelia, Mali, Gambia, Senegal y Cabo Verde fueron una digna representación de la mujer del continente africano. Pero también quiero decir que, precisamente estos días en los que una delegación de instituciones canarias (entre ellas el Cabildo de Gran Canaria) visita los campamentos de  Tinduf,  nos gustaría ver en próximas jornadas a mujeres representantes del Parlamento de la República Árabe Saharaui Democrática, para que esté también presente entre nosotros un pueblo tan estrechamente ligado a Canarias y que tanto sufrimiento lleva padeciendo desde que España desoyera las indicaciones de la ONU sobre el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui.

Quiero felicitar públicamente al Parlamento de Canarias, especialmente a su presidenta, y a la Fundación Mujeres por África por la celebración de estas jornadas. También por la oportunidad que nos dieron de hacer llegar a las parlamentarias africanas que pueden contar con el Cabildo de Gran Canaria para ese trabajo en favor de la igualdad entre hombres y mujeres, para la defensa de los derechos humanos y de la democracia, para la cooperación cultural, económica y social entre nuestros pueblos. Desde el gobierno de Gran Canaria ya estamos mirando a África para aumentar nuestras relaciones a través de proyectos de Cooperación Internacional; también con la recuperación de la Feria del Atlántico y la iniciativa “Pro GranCanaria” (que aúna a entidades públicas y privadas)  queremos profundizar en las relaciones comerciales.

Tenemos experiencias institucionales de esa mirada a África desde el respeto. El Festival del Sur-Encuentro Teatral Tres Continentes que organiza el ayuntamiento de Agüimes (que fue precisamente una iniciativa de Antonio Lozano) y que en 2017 cumplirá 30 años, es uno de los ejemplos. Casa África ha profundizado también en esta línea. Por eso quise aprovechar mi intervención en el I Encuentro de Parlamentarias Canarias-África para expresar nuestra convicción de que la época en que Canarias y África vivían de espaldas ha de pertenecer inmediatamente al pasado, y nuestra determinación de que estas primeras jornadas  sean un paso más en el inicio de una nueva era en la que recorramos juntos el camino de nuestra historia, como debe ser siempre entre pueblos vecinos.

 

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